martes, 2 de noviembre de 2010

No tengo nada que decir


quien fuera el batiscafo de tu abismo...





Estoy buscando una palabra
en el umbral de tu misterio.
Quién fuera Alí Babá
Quién fuera el mítico Simbad
Quién fuera un poderoso sortilegio
Quién fuera encantador...

Estoy buscando una escafandra,
al pie del mar de los delirios.
Quién fuera Jacques Cousteau
Quién fuera Nemo el capitán
Quién fuera el batiscafo de tu abismo
Quién fuera explorador

Corazón, corazón oscuro,
corazón con muros
corazón que se esconde,
corazón que está dónde,
corazón, corazón en fuga,
herido de dudas de amor.

Estoy buscando melodía
para tener cómo llamarte.
Quién fuera ruiseñor
Quién fuera Lennon y McCartney,
Sindo Garay, Violeta, Chico Buarque
Quién fuera tu trovador...

Corazón, corazón oscuro,
corazón con muros
corazón que se esconde,
corazón que está dónde,
corazón, corazón en fuga,
herido de dudas de amor.


Imagen: Abismo. Ni idea de quién es. La he encontrado aquí. He estado lejos, muy lejos. Aún no sé si estoy aquí. Ni si he vuelto del todo. Ni si volveré alguna vez. Dejo una canción, se puede escuchar pinchando el título en mayúsculas. De momento, no tengo nada que decir

miércoles, 17 de marzo de 2010

Diario de una reforma

Capítulo 1: demolición y gestión de residuos. II.

Voy a romper las ventanas
para que lluevan cristales.
Ven a romper las ventanas
ven a gritar como antes.
Voy a romper las ventanas
y hacer del caos un arte






Es importante apuntalar el techo para que no se derrumbe, recuérdalo. Es el único cielo del que dispones, y si se viene abajo... ¿qué podremos hacer?
Hay que confiar en que los que saben, resolverán bien su trabajo, si has elegido un buen equipo, claro.

(Algún día tendré que hablar sobre esto, sobre la elección del equipo, pero hoy es muy tarde
y no quiero olvidar la luz que penetraba esta mañana, en la gran obra
y soñar con la que entrará, soñar y soñar, es absolutamente imprescindible para no caer otra vez en las sombras que tantas noches no me dejan dormir)

Hay que golpear todas las paredes, incluso las que no entraban en proyecto, tenlo en cuenta,
golpea las paredes, todas, haz que se tambaleen, hazlo, tan sólo hazlo:

te habían presupuestado treinta metros cuadrados de pladur y aislante y te habías dejado los cuernos buscando ladrillo caravista auténtico, porque sí, porque te apetece tener una pared de ladrillo caravista, joder, que mola mogollón

y mira tú que al picar la pared, esa pared, y no hacía falta...

sale el auténtico.

Ahora resulta que a veces, lo que proyectamos
como un lujo, sobrepasando nuestros límites incluso,

viene a ser algo ya nuestro, que estaba ahí desde siempre,
desde el principio de la creación.

Esperando.



Imagen: PEDRO FLORES: reconstrucción. 2007-2009. También la he encontrado aquí

domingo, 14 de marzo de 2010

Diario de una reforma

Capítulo 1: demolición y gestión de residuos

Voy a romper las ventanas
para que lluevan cristales.
Ven a romper las ventanas
ven a gritar como antes.
Voy a romper las ventanas
y hacer del caos un arte





El puente, atormentado de trampas.
Llevo un martillo y un ansia imparable de destrucción en la mano.
Acecho el momento, el permiso, la señal. Aparece:

Puedo empezar la gran obra.
Derrumbar ciertos tabiques parece fácil, pero no lo es.
El resto debería al menos permanecer en pie.

Podéis creerme:
la expectativa de que mañana algunas paredes ya no existan
bombea en mi cerebro la coca más pura.
No seré yo quien dé los golpes,
pero sí sé que la claridad ganada en el espacio, ya me está dando luz.




Imagen: PEDRO FLORES: reconstrucción. 2007-2009. La he encontrado aq

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Dónde está Wally?

Pasaste estos últimos inviernos
al calor de un infierno
construido en el amor
para acabar en demolición.

Me he perdido



Es un error plantear el presente, sea el que sea, nos apasione o nos aterrorice, como el definitivo. Creer que va a durar siempre, que vamos a poder sostenerlo, o lo que es peor, creer que se va a sostener solo. Tener la confianza de haber conseguido algo. Tener incluso la vana tentación de pararse a descansar como si mereciéramos un premio. Aunque ese premio consista en abandonarnos, en bajarnos del tren. En tomarnos por fin, un cóctel de insulina y alprazolam. Y descansar. No parece momento de eternidades, valga la contradicción. En esta era en la que casi cualquier avance tecnológico queda obsoleto en pocos meses, tampoco parece posible que un estado, sea del corazón o sea de las entrañas, vaya a poder permanecer en primera fila mucho más allá de lo inmediato. Pinta más bien una exigencia de adaptabilidad, de serenidad y calma de la que, la mayoría de las veces, carecemos. Esta tendencia marcada a la desesperación por no poder controlar nuestros días, nos está mermando. Y no sé si estamos en condiciones de debilitarnos, sumergidos como estamos en un entorno que muta continuamente y que nos reclama, a veces de una manera intensamente alarmante, unas cotas muy altas de presencia. Parece que naufragamos a cada instante, pero me pregunto si no es posible que simplemente estemos inmersos en un viaje cuyo destino desconocemos.

Tal vez deberíamos dejar de esperar un rescate. Tal vez deberíamos reaprender a vivir con el misterio. Nuestros antepasados lo hicieron, así que algo de ellos permanecerá, a mi modo de ver, en nuestros genes. Tal vez deberíamos reclamar esa herencia como nuestra herramienta más válida para estos días que nos atraviesan, en lugar de empeñarnos en retener una estabilidad que de tan breve se torna incierta.

Buscamos a Wally en una escena que se transforma segundo a segundo, con la ignorante angustia de autoconvencernos de que es la única opción disponible.

Hemos puesto demasiadas expectativas en Wally.

Pero está claro:

Wally jamás podrá satisfacernos.



Imagen: Aquí

domingo, 31 de enero de 2010

Quince días bajo los escombros (o el fin de un deseo)

Que se desencajen las baldosas a mi paso
que se abran simas
que se desplomen las paredes
sobre mí que en tu regazo supliqué

El último de la fila




Entrelazamos mi derrota y tu abandono
cada uno en su abismo de ruina y quimera
oyendo tan sólo nuestros propios lamentos
sin apenas aliento para respirar.

Con las sábanas de mortaja,
compartimos bajo las mantas una improvisada tumba
que ni por piedad nos corresponde:

Los dos desmembrados,
ambos aniquilados
los dos agonizando
(cada uno a su modo),
por la resurrección de una carne
que no ha de volver.




Imagen: La he encontrado aquí.

martes, 15 de diciembre de 2009

Pasa la vida

Tus ilusiones y tus bellos sueños
todo se olvida




Se me han caído las tetas,
los párpados,
el labio superior.
Miro mi cara, siento mi cuerpo y,
efectivamente
ya no soy la que era,
(ni daré las gracias ni pediré perdón).
En tres meses cumpliré los cuarenta
y no entraré en esa vorágine de aparentar
como poco, diez años menos.
Me harta hasta la saciedad tanto anuncio antiarrugas, antiestrés
antiestrías, anticaída, anticelulitis, antienvejecimiento.
Esto es lo que hay, señoras y señores:
dejen de insistir en esa idea tan poco inteligente
de que los días restan
y que es necesario disimular su rastro.
No lo soporto más.
Es urgente un cambio de enfoque:
Piénsenlo un rato, joder
no todo debería limitarse a vender potingues.
Y si no tienen capacidad
para motivarme en un futuro
al menos, no me insulten por seguir viva.


Imagen: Yo misma este verano, sin pintar, sin crema hidratante, sin adelgazantes, sin las últimas tendencias en moda, tirada en la hierba, sin otra expectativa que reir. Y de qué manera. Hay que tener años para poderse reir así. Si pinchan en el link de arriba, le pondrán la banda sonora a esta entrada.

domingo, 18 de octubre de 2009

Me sobran motivos

Quizá te consideres un oráculo,
portavoz de los muertos o de algún dios
Yo llevo treinta años esforzándome
por limpiar de fango tu garganta
y no he aprendido nada.





Para olvidarte
me enfoco en el tiempo en el que no te conocía
y es curioso, porque hace, por ejemplo
tres años, o cinco, o siete, o diez
no existías, aún no tenías piel ni olor
y podía vivir sin ti.
Vivía sin ti, hay que joderse,
ajena completamente
a que un día aparecerías con un crisol definitivo
para trasmutar la obra.

Pues eso, como te iba diciendo
que para olvidarte,
evoco uno tras otro los momentos más intensos
que he protagonizado antes de encontrarnos.
Intento demostrarme así que en otro tiempo fue posible
interpretar otros personajes
ignorantes de esta trama y de este escenario.

Pero da igual: no hay nada que hacer.

Te has colado sin saber cómo
en los pasajes que configuraron mi vida
y te reconozco en cada papel que aprendí
por la alquimia que destilamos.

Vienes proyectándote desde demasiado lejos
hacia esta escena en la que ya no estás
y todo me parece una descomunal farsa.

Desconozco el sentido de este giro en el guión:
Leo ahora que es preciso olvidarte
y si bien es cierto que el show must go on
este nuevo formato no encaja.

No era esto lo que debería estar ocurriendo


Imagen: CARL WARNER: Cabbage Sea